El tiempo perdido…

Hoy en día se habla mucho de la productividad, de como estirar el tiempo, como ser eficientes… y es una carrera tan fuerte, tan larga y a veces tan pesada. El otro día leía “quien se olvida de jugar dirá adiós a la alegría”… y dirá hola tristeza. Y no se si será ese tipo de tristeza del sinsentido…
A veces como hoy me pregunto, ¿vale la pena correr tanto?, yo quiero caminar, quiero mirar… quiero detenerme…
Muchas veces he olvidado que son esos momentos de aprecio, de pararse a mirar y maravillarse, los que nos dan fuerzas para continuar…
Ese tiempo perdido…
Cuando leo un maravilloso libro, cuando miro la cara a la luna, escucho una canción una y otra vez, una que me trae recuerdos de otras épocas que de lo lejanas parecen otras vidas ya inalcanzables… recuerdo cuando tenía dieciséis y tenía tanto y tanto por delante, las posibilidades eran infinitas… no había vivido aún la dureza de las desilusiones, no había definiciones ni conceptos concretos, todo era posible…
Y al recordar esto, recuerdo que hoy no tiene porque ser diferente, no tengo porque dejarme engañar por los golpes, por esta carrera en donde muchas veces me he quedado atrás, me han dejado atrás… recuerdo que dentro de mi viven todas las posibilidades que quiera albergar…
Hay muchas cosas que no se hacer, que no he aprendido, que no he podido dar, y entre todos los obstáculos que he encontrado ha sido la tristeza una de las mayores cargas, cuando arranca las fuerzas y el animo y me hace creer lo que me dice… que no hay más…
Pero he podido ver que los que tienen esperanzas, los que creen que en cualquier momento las cosas pueden cambiar, encuentran fuerzas, sin correr, sino sabiendo cuando pararse a llenarse por dentro de ese combustible de la fe y el creer que mañana puede ser diferente, puede cambiar, y que te puede sorprender y quizá hasta te pueda maravillar como cuando tenías dieciséis…

Flori *)

TIEMPO
“Derroche una hora una mañana, al lado de un torrente montañéz. Tome una nube del cielo y un sueño me forjé. En el silencio del crepúsculo naciente, lejo de las persecuciones del hombre, derroche una tarde de verano y otro sueño me forjé.
Derrochar: Quizás. La gente eso dice cuando con Dios nunca caminó, cuando los senderos son purpura con lilas o amarillo con varas de oro.
Pero yo encontré fortaleza para mis labores, en esa corta hora crepuscular. Encontré gozo y satisfacción; encontré paz y poder. Mis sueños me dejaron un tesoro una esperanza fuerte y real: por las horas derrochadas he edificado mi vida, y reencontré mi fe.”
Autor desconocido.

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