Sin parar…

Foto by © ILIKO KANDAVELI
Foto by © ILIKO KANDAVELI

Cuando leemos palabras de alguna persona sabemos más o menos que estaba pensando al momento de escribirlas. Pero hay quienes se visten con las voces de otros y no es que este mal, pero nada hay como la palabra propia, esas comas y esos acentos, ese refinamiento y a veces esa torpeza que descubre entre líneas a un ser real, una intención descubierta, un deseo, a veces una duda, un lamento…
Sucede que quedarse sin palabras a veces es una manera de esconderse o detenerse, un creer que las palabras se las robará el aire, el viento, y tan solo nos quedaremos sin ropas, desnudos, descubiertos.
Pero debo decir que no creo que sea la mejor decisión esconderse, pues hay tantas y bellas formas de expresar las cosas de decir lo que sucede, lo que piensas, lo que sientes, sea lo que sea, y hacer que sirva para algo.
Pero no siempre puede ser así, hay muchas lagunas, muchas preguntas sin respuestas, muchas inquietudes en el camino que hacen que expresarse sea difícil.
Y entonces tan solo se puede expresar esa dificultad. Son esas líneas que leo muchas veces que me dejan atrapada, una historia sin final, un salto que termina en el principio, un círculo que queda abierto. Llega a ser como el encanto de una melodía que aunque triste no puedes dejar de escucharla porque despierta una inquietud que por dentro estaba dormida y que quisieras llenar y resolver pero sabes que no puedes.
Son líneas abiertas ese tipo de escritura que cautiva, la que no plantea finales, aquella donde el autor te deja sacar tus propias conclusiones, ya se ha dicho que el final abierto es más artístico, es porque se parece más a la realidad, porque puede adaptarse al momento que estés viviendo. La vida no tiene finales cerrados, danza en un compás que lleva una eterna continuidad, si puedes seguir andando.
En medio de todo esto me aferro a lo que creo, me amarro con fuerzas a lo que quiero que sea eterno: lo inalienable, el amor, lo absoluto, aunque para todo esto mi voluntad importe poco y de eso también se trata. Lo que apunta a lo completo sin llegar a serlo aun, son objetos que se prolongan en la distancia y el tiempo, se prolongan más allá de lo que se pueda imaginar y quedan libres para tener toda la grandeza que puedan.
Así es que veo el camino como una carrera, un maratón en lo que lo único que importa mientras estas, es seguir, y mientras más débil seas más grande el esfuerzo será… más crecimiento habrá por alcanzar, más horizonte, más espacios por llenar…
Y en cada caída recordar que de tropiezos y retrocesos, de eso está repleto el camino, pero siempre tenemos la libertad de volver a decidir una vez más levantarnos y continuar. Y recordar en cada caída esa pequeñez, esa debilidad, y comprender que solos no podemos hacer nada, que hace falta siempre tener presente esa grandeza que se prolonga al horizonte y que te llama por tu nombre y te acoge y te consuela en cada caída para que puedas tener las fuerzas para continuar. Comprender que si paras, si descuidas el norte te pierdes, y luego es como un blog donde luego ya no encuentras ni una palabra del autor, algo que sea de él, rastros de su andar.
Mientras estamos andando el horizonte habla, siempre hablará, y allí está el arte en traducir esas frases en palabras comprensibles, en andares que dejen algo, que sepan, que suenen a algo de verdad…

Flori *)

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11 comentarios en “Sin parar…

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