¿Me veo bonito…?

Tengo recuerdos en mi memoria que permanecen como instantes que me marcaron de una u otra forma, momentos vividos que llegaron a mi corazón.

Recuerdo cuando me fui de mi casa a estudiar en la universidad, estuve viviendo con unas tías, hermanas de mi abuela, señoras estrictas, que a su vez compartían la casa con otra sobrina, prima segunda mía. Era una casa colonial, con un patio trasero amplio lleno de arboles frutales, me gustaba ir allí a leer o para estar simplemente.

Victor era en aquel tiempo un niñito de cuatro años, mi primo segundo o tercero, demasiado hiperactivo, así que siempre estaba en movimiento, haciendo travesuras y enloqueciendo a su mamá, quien le gritaba constantemente.

Cuando llegue allí fui para el una atracción, una chica nueva que jugaba con el, lo escuchaba y le hablaba. El brincaba por todos lados sin cansarse y sin detenerse. Cuando me sentaba en algún lugar el se acercaba, y empezaba a contarme cosas, a enseñarme lo que sabia hacer, y a hacer muchas preguntas. Cuando me iba a la mesa a estudiar o escribir el me observaba,  le encantaba que le prestara unos marcadores de colores que usaba.

En la noche su mamá lo llevaba a su habitación, donde dormía y era que por fin descansaba.

Una de las cosas que hablaba con él era sobre el baño, el cual no le gustaba para nada. Yo le decía, -pero mira, cuando te bañas y te arreglas te ves bien, bonito, obedece a tu mami-.  El salia corriendo y su mamá lo perseguía por toda la casa con gritos y escándalos.  Pensaba, -vaya!, cuanto esfuerzo simplemente para hacer que se bañe- en ese entonces no tenia idea del trabajo que implica educar a un niño.

Estaba dedicada a lo mío, estudiar, así que lo dejaba tranquilo, él se empeñaba en que saliera con el y su mamá, la cual poco a poco se fue alejando de mi en el trato al ver que pasaba mucho tiempo en la universidad.

Lo que más recuerdo fue un día que llegue y lo encontré saltando en mi cama con los pies llenos de barro… había estado jugando en el patio encharcado por la lluvia, y luego estuvo saltando en la cama… recuerdo que lo vi, su mamá también, por lo que le dio una paliza.  Así que me fui al patio sin poder decir nada… con un libro, indignada por la actitud del niño, y más aún por la reacción de su mamá… porque no hablar? Porque los golpes si ya bastante había comprobado que no funcionaban?

Me senté en un tronco a leer, en esa época estaba leyendo “Crimen y castigo” de Dostoyevski. Me sentía molesta, contrariada, quizá hasta decepcionada…

Estaba en lo profundo de aquel patio con el cielo cubierto por un gran árbol… Llevaba más de una hora leyendo cuando siento aquella sensación de cuando alguien te esta observando, levanto la mirada y era Victor, me lo quedo viendo, y esta limpio, recién bañado, acicalado, me mira con sus grandes ojos, eran unos ojos negros, brillantes, y me dice con su tierna voz: -¿Me veo bonito?-, en ese instante no se como explicar lo que sentí, las lágrimas se me vinieron a los ojos, el encendió una luz en mi oscuridad,  se acerco mostrando que había escuchado atentamente todas las veces que le había pedido que se arreglara y estuviera limpio como un niño bueno… Sentí deseos de darle un poco de lo que él, en breves segundos me había dado,  más que limpio él,  puro su corazón…  Lo mire y le dije, Sí! te ves bonito! – me había dejado sin palabras…

Creo que empecé a mirarlo con más amor desde ese día, a comprender que verdaderamente es puro el corazón de un niño.  Reafirme que para ellos no hacen falta los gritos ni los golpes…, que una mirada, una palabra, bastan, para ese ser que esta estrenando la vida, absorbiendo todo lo que percibe…

Y que muchas veces son ellos, los niños, los que se acercan y en breves segundos nos dan más de lo que nosotros imaginamos que alguien nos pueda dar…

Flori *)

Foto by Flori

 

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16 comentarios en “¿Me veo bonito…?

  1. Muy emocionante y tierna la escena en la que el niño mira y pregunta ¿me veo bonito?, es la culminación del escrito. Los niños son pequeñas Grandes Esperanzas si sabemos tratarlos como tu lo haces en el escrito.
    Un Abrazo 🙂 .

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    • Gracias Joaquín, digamos que fue la primera vez que me di cuenta que él, Victor, era un niñito. En la actualidad sobrepasa la mayoría de edad. Aprender a tratar a los niños es una tarea que luego he vivido con sus altibajos también.
      Un abrazo 🙂

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    • Esa casa luego tuvo que desocuparse por litigios legales, y cuestiones de herencias, y quedo sola, no se que paso después. Sin embargo me da nostalgia recordarla.
      Gracias por pasar.
      Un abrazo.

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  2. Qué hermosa texto nos dejas amiga Flori, Parte de tu vida, bien contada que uno lee con mucha facilidad y nos dejas mirar lko que en ese momento te pasaba. Tu experiencia, sé que nos las dices para poderla repetir a todas las mamas que maltratan a sus bebes. Gracias querida amiga , que me quedo con lo que viviste y tambien por tu forma de decirlo… un abrazo y un beso Rub

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    • Aquellos días era muy joven, hablaba mucho con la madre del niño acerca de los golpes constantes, tratando de que los cambiara por palabras u otros métodos no agresivos, como el no complacerlo con cosas si no obedecía, ella al principio escuchaba, pero creo que más pudo la costumbre. Para mí era muy triste ver esta situación, confrontada con la ternura del niño… Creo que por eso simplemente me alejaba… hoy por supuesto actuaria de otra manera, quizá más convincente.
      Gracias por tus palabras Rub.
      Un abrazo y un beso.

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  3. Creo Florí, que tu pocos años no te alcanzaron a comprender totalmente a la madre.
    Ahora hay otro tipo de orientación para niños con determinados problemas como el que relatas.
    Además eres madre, y mejor escuela que ésa no hay..
    Un relato tierno, intimista, con mucho amor, como todo lo tuyo.
    Un abrazo.
    Hasta pronto.

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    • Si comprendía el desespero de la madre, pero no lo compartía, de hecho ya él estaba siendo atendido por una psicopedagoga, pero la madre en casa actuaba simplemente a su manera. Yo misma pase luego por la misma experiencia, pero buscaba ayuda y trataba de seguirla, aun lo hago de ser necesario, esa creo que es la diferencia. La mejor escuela es vivir las experiencias de primera mano, es verdad.
      Gracias por tus palabras Stella.
      Un abrazo querida amiga.

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  4. Los niños nos dan mucho más, que les damos. Su cariño, su ternura y amor es desinteresado, les sale de dentro, se entregan.
    Me enternece este relato y comprendo las lágrimas saliendo de tus ojos. ¿Me veo bonito? ¡qué frase más tierna!
    Un cálido abrazo, Flori

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    • Lo interesante es cuando ellos llegan sin tu estar esperándolos, es muy bello encontrarse con ellos si uno conserva dentro esa parte también de niño que nunca desaparece del todo.
      Gracias por tus palabras. Un abrazo afectuoso, Mercedes.

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  5. qué fácil te desarmó, verdad?… esa es la magia de la infancia… los niños descubren el mundo y te hacen redescubrirlo, replanteártelo… y eso incluye nosolo el mundo físico sino también el emocional… lindo tu post!…

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    • Eso fue lo que paso en ese instante: me desarmo. Muy acertado tu comentario, ellos vuelven a redescubrirnos el mundo, y nos llevan también a descubrirlo…
      Gracias por tu comentario y por llegar hasta aquí, lo aprecio mucho.

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