Al correr…

Hay un lugar al que puedo ir en ocasiones a caminar o correr, hasta ahora es un solo lugar a donde acudo, un campo cubierto de grama, con caminos de tierra, rodeado por montañas que se elevan hacia el horizonte.  Sin embargo para mi son muchos lugares, los arboles que hace meses eran amarillos y rojizos, en esta época están verdes. Las flores que van quedando cambian sus tonalidades. La hiedra que estuvo ausente durante la sequía cubre la tela metálica llegando casi hasta el cielo. La tierra mojada parece tomar un color más vivo.

Antes iba solo a contemplar el lugar, solía llevar un libro que no lograba leer pues me quedaba mirando hacia las montañas y mi mente se que daba abstraída escuchando el silencio… Era difícil leer mientras afuera la naturaleza invitaba a tan solo sentirla, contemplarla…

Con el pasar de los días, me anime a rondar por allí, como quien va vagando, observando…

Luego un día me anime a subir la montaña, después empecé a correr.

Cada vez que corría sentía que atrapaba el tiempo, se detenía, y era como si lo atravesara; al mirar arriba los pájaros volar, ir y venir, solos o en grupos, a veces en parejas, sentía palpitar mi corazón y me daba cuenta: esto es la vida, un momento que se detiene y se queda…

Al correr me siento parte del espacio, del tiempo, de una manera especial, el cansancio no existe, el esfuerzo reanima la vida, mi vida… Los pensamientos vienen y van, son compañeros que tan solo pueden decir: Mira, respira…, siente el palpitar, el sol que abraza, el calor que desde dentro aparece…, la brisa refrescando, acompañando, la montaña inquebrantable, belleza que también palpita y respira…, la vida que viene y va…, permanente, pasajera. Ideas que permanecen y se mudan como el viento que roza el cuerpo al correr, al pasar. Qué queda, sino los momentos…, al correr se detienen, únicos, irrepetibles…

Flori *)

Foto by Flori

 

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10 comentarios en “Al correr…

  1. Cuántas cosas me recordó tu narración; muy en la mañana, me calzaba los tenis y me iba hacia las laderas, primero caminando rápido, después a trote y luego abriendo el paso para escalar algún cerro. Viejos caminos, gigantescos árboles, enredaderas que subían por trocos, arriba pitahallas, mangos, o frutos silvestres. El sol filtrandose por la vegetación y adornando la tierra como si hubiesen sembrado espejos, silencio profundo y a vece el grito de las aves en lejanía. Corres es sentirse viento… un abrazo y un beso rub

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    • Sí Ruben, “Corres es sentirse viento…”!, son instantes en que uno se siente volar con las aves que desde arriba nos acompañan…, un beso y un abrazo para ti también.

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  2. Hace tiempo que no salgo a correr, ahora vivo en un lugar distinto a donde lo hacía, y el clima no invita para nada a hacerlo, y extraño hacerlo. Debe ser delicioso tener un lugar tan hermoso como el que describes para recorrer.
    Saludos 🙂

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    • Hace tiempo creí no tener adonde ir a caminar o correr, cuando empecé a vivir en esta ciudad no conocía muchos lugares, hasta que descubrí uno…, ojala puedas encontrar alguno similar.
      Un abrazo.

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