Literatura·Reflexiones

“Contemplación con amor, admiración y respeto…”

Estos días he recordado a un profesor que tuve en la universidad, era un hombre que llenaba el salón con la paz que su rostro reflejaba, una especie de comprensión en su mirada nos atraía amorosamente hacia él, aunque ni siquiera pronunciara palabras… recuerdo que tomaba una silla y se sentaba al frente de la clase a solo mirarnos con una sonrisa…  recuerdo también estar sentada a un lado de las escaleras, y a él posando sus manos sobre mis cabellos, sobre mi cabeza, de manera paternal, como si aún fuera una niña, hacia esto al pasar… sin palabras, con su sonrisa… Cuando termine de estudiar fue la primera persona que quise que me firmara el titulo… recuerdo que fui, y tenia como siempre caramelos en su escritorio. El era de ascendencia hindú… no supe de sus creencias, ni nada, tan solo recuerdo su mirada, su rostro, y esa manera tan acogedora de hablar, de moverse. Cada vez que lo miraba pensaba en ser algún día como él, en tener esa paz tan inmensa que hace que cualquier lugar sea acogedor, lleno de comprensión.

Lo recordé, porque estuve leyendo un libro: Siddharta, de Hermann Hesse; y al adentrarme en el personaje vino él a mi memoria, su rostro, su paz.

El libro básicamente trata sobre un hombre que buscando la verdad se pierde, se descarrila, pero luego retoma su camino; Siddharta pensaba que debido a su alma tan inquisidora solo podría encontrar la verdad por si mismo, sin maestros, sin doctrinas, y así lo hace. Al final, debido a que vive muchas experiencias llega a comprender el valor de las enseñanzas que un día no lo convencieron, las llega a entender con la profundidad que otorga el saberse tan humano como cualquiera. Reconoce como maestro a un viejito humilde y sencillo, pero sabio, para quien su único maestro a su vez era el río… Siddharta Llega a entender que el amor es lo más importante, llega a contemplar al mundo y a sí mismo con amor, admiración y respeto…  Es un libro precioso.

Después de leer pienso como antes, que tanto las creencias orientales como el budismo o hinduismo, así como el cristianismo nos tratan de enseñar la importancia de buscar la santidad, la perfección; el amor como una manera de sentir el mundo y a los demás, como la esencia que necesitamos sentir en nuestro corazón, que de alguna manera todos la tenemos, pero a veces se fractura cuando somos incapaces de aceptarnos a nosotros mismos y a los demás; cuando dejamos que se pierda en medio de la amargura y el dolor… el amor es lo más puro que podemos hallar cuando logramos aceptarnos a nosotros mismos, a los otros, cuando podemos encontrar la paz que nos da esta reconciliación también ante Dios.

¿Y porque no aceptamos y amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, tal como es? ¿porque siempre el anhelo de que sea distinto?…. Creo que la explicación es sencilla, no aceptamos al mundo porque tampoco nos aceptamos tal cual somos en este mismo instante, siempre estamos mirando hacia adelante, al futuro, buscando, ansiando, esperando, juzgando, dándole nombre a todo: Definiendo.

Se nos olvida esa visión de conjunto, el ser capaz de mirar en pasado-presente-futuro… Es parte de nuestros limites. Cuando somos padres se nos olvida como eramos de niños, y queremos que los chicos sean diferentes, sin paciencia para respetar sus propios ritmos, y etapas; en el presente nos sentimos tan llenos que olvidamos los peldaños que tuvimos que subir no sin esfuerzo, con voluntad, para tratar de mejorar… cada persona que miramos puede también subir o bajar peldaños, igual que nosotros, uno nunca sabe el momento en que una persona pueda decidir dar un giro.  Nosotros mismo podemos siempre avanzar, retroceder y volvernos a equivocar, una y otra vez.

La cuestión de definir el mundo, nos aleja de la humildad, de la misericordia, de la comprensión misma. Definir, nos hace juzgar. Y nadie sabe que lleva por dentro cada ser, cual es el camino que debe atravesar cada persona, incluidos nosotros por supuesto.

Quizá la clave esta en nuestra esencia, creo que la esencia es la naturaleza de nuestro propio corazón, nuestro ser más interior. Cuando somos muy orgullosos nuestro camino se torna más arduo, con más rocas; y es así simplemente porque cada contrariedad es tomada como una afrenta, con mucho conflicto.  Por el contrario cuando somos humildes el camino se torna más noble, más dócil; porque se tienden a aceptar las circunstancia, a comprender, a fluir de alguna manera con la vida.

La diferencia grande es que el orgulloso va contra la corriente de la vida. El humilde fluye con ella.

Por mi parte siento la humildad como sinónimo de aceptación, de un contentamiento interno con la vida, no es que este desprovista de alguna tristeza pero la sobrepasa el contentamiento que es capaz de apreciar cada detalle como un regalo. Y creo que uno solo encuentra sinceramente la humildad cuando es capaz de verse tan vulnerable y capaz de errar como cualquier otro ser humano.  Somos orgullosos cuando no podemos mirar más allá de nosotros mismo, más allá de nuestras propias definiciones… sin embargo en algún momento uno puede llegar a darse cuenta de cuan inútil puede ser el orgullo, al separarnos del amor, de otro ser, como un hijo por ejemplo, un amigo, una pareja, u otra persona a quién se ame.

Muchas veces el humilde fue antes demasiado orgulloso.

Cuando tenemos una visión comprensiva, de conjunto, flexible, se llega a amar al mundo tal cual es, podemos ver la belleza de la unidad que existe en cada evento, en cada ser que tiende siempre a la armonía dentro de sí … cuando podemos captar ese morir y renacer que lleva implícito cada existencia, cada objeto que miramos… si nos damos cuenta que todos hallamos paz cuando existe el bien, ese bien sincero, capaz de doblegarse para que la naturaleza fluya…

Cada vez que nos golpeamos con la tristeza Dios de alguna manera nos hace reflexionar… buscar esa voz interna que nos dice que todo esta bien, que nos habla… buscar en El ese consuelo que nos dice que cuando podemos apartar todas esas creencias, orgullos, individualidad, que nos roban la paz, y mirar cuan hermoso es el camino, y apreciar a cada ser humano y verlo hermoso y puro como Dios lo ve; podemos entonces empezar a amar a los demás como a nosotros mismos.  Podemos entonces entender que cada evento que sucede nos trae enseñanzas que de otra forma nunca podríamos asimilar. Comprender que cada cosa que sucede es por una razón, un girar y girar del universo en causa y efecto, en perfecta armonía… nunca por azar… Y encontrar ese contentamiento al ver que todo fluye cuando podemos aceptar, soltarnos y como la hoja dejarnos llevar, con humildad, veremos esa unidad presente en todo…

Aquel profesor hoy sé que creía en cada uno de nosotros, antes también lo sentía… nos miraba con esos ojos que miran lo perfecto y lo bello en todo… una comprensión que aun hoy muchos años después vino a mi mente leyendo “Siddharta”… Donde quiera que él este, pido a Dios que este bien, en una parte de mi corazón él se quedo, el dulce profe que extendía como un padre sus manos por nuestros cabellos, que siempre tenía caramelos…

Flori *)

Foto By Flori

“Y ahora escucha una teoría que te hará reír: el amor, Govinda, me parece que es lo más importante que existe. Penetrar en el mundo, explicarlo y despreciarlo, es cuestión de interés para los grandes filósofos. Pero a mí, únicamente me interesa el poder amar a ese mundo, no despreciarlo; no odiarlo ni aborrecerme a mí mismo: a mi solo me atrae la contemplación del mundo y de mí mismo, y de todos los seres, con amor, admiración y respeto” (Hermann Hesse)

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8 comentarios sobre ““Contemplación con amor, admiración y respeto…”

  1. Precioso texto, flori, lleno de lo que de verdad importa.

    Para alcanzar la humildad, uno tiene que haber errado mucho y, en algunos casos, haber tocado fondo, ¡así somos! La sabiduría es un don de Dios; una cualidad básica para alcanzarla es la humildad. Sin ella, no hay sabiduría posible; en todo caso, erudición.

    Es cierto: nos cuesta acoger al otro porque no somos capaces de aceptarnos a nosotros mismos. El caso es que, tal y como somos, somos ya perfectos, no hay necesidad de más. Todo está bien, aunque a ratos nos disguste; todo es tal y como debe ser.

    Gracias por la reflexión; aunque uno lo sepa, viene bien de vez en cuando refrescarse la memoria.

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    1. Son cosas que uno sabe, conocimientos que están allí pero que llegan a convertirse en sabiduría solo cuando tocan esa fibra interior, cuando se mezclan el saber con el sentir.
      Sin embargo a veces aunque se sepa mucho, parece que lo más importante es lo que se deja percibir. Lo que podemos ver acerca de alguien, lo que podemos sentir, muchas veces es más valioso que lo que pueda saber, por no decir siempre…

      Lo que dices: ya somos perfectos, me parece genial!!. En cierta forma somos lo que fuimos, lo que somos y también lo que seremos, y esto es bello.

      Un abrazo Zambullida y gracias por tu visita!

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  2. Hola Flori…no cabe duda que todos dejamos huelllas …tu profe dejó una huella muy linda en ti y eso es muy hermoso…

    Bueno amiga siempre he dicho que para querer a los demás tenemos que querermos mucho nosotros mismos y aceptarnos tal y como somos con nuestros defectos y virtudes pero sobretodo buscar siempre la humildad, esto es lo que nos hace crecer como personas y es lo que nos ayuda a quitarnos las piedras del camino..

    Me ha gustado muchisimo tu reflexión…te envío un gran abrazo deseando que te encuentres muy bien en compañia de tu familia…cuisate mucho y disfruta tu día:-))

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  3. “Apreciar a cada ser humano y verlo hermoso y puro como Dios le ve” a veces es difícil en nuestra condicion de seres mortales, pero tampoco es imposible requiere de esfuerzo y humildad, personalmente cuando veo a alguien como dicen por ahi “mal vibroso” o en españa “mala leche” pienso que Dios también tiene sus “asuntos con él” como los tiene conmigo. Un abrazo Flori 🙂

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