Familia·Reflexiones

El vínculo perfecto

Desde que comenzamos nuestra existencia estamos vinculados con otras personas: nuestros padres, hermanos, la familia. Nos une la sangre implícitamente, al menos en teoría. Luego durante la vida se van estableciendo otros tipos de lazos de distintas índoles: sociales, económicos, afectivos; de todos estos nos interesan los afectivos porque al final son los que nos tocan internamente, siempre y cuando le hayamos dado la prioridad.

Así, los vínculos afectivos que establecemos pueden ser intrincados, como también pueden ser sencillos; dependiendo de nuestras expectativas, de la capacidad que tengamos de aceptarnos como somos, sin dejar de creer en nosotros y en los demás, y sin dejar de creer en la capacidad que tenemos de amar.

No es lo mismo relacionarnos con los demás sin esperar nada, pero con cierta desmotivación, dejando de creer en la buena fe; porque se pierde la alegría de compartir, de dar a manos llenas. Es diferente cuando nos relacionamos creyendo en la capacidad de amar que pueden tener los demás, aunque no lo expresen; sin dejar de creer que puedes mostrarles un amor especial, que pueda encender en sus corazones una chispa por la cual conozcan un tipo de amor benigno, que no busca lo suyo, sino que es feliz tan solo realizándose.

Como podemos entonces, relacionarnos con los demás, ¿creyendo en ellos, pero sin expectativas?… ¿suena a contradicción, verdad?; puede ser, pero hay una manera. Es a través del amor, pero no cualquier amor; sino a través del amor llamado ágape, el cual es un amor desinteresado. Cuando se dice Dios es amor, se refiere al amor ágape, y aunque no es natural en las personas, podemos llegar a vincularnos con esta clase de amor al conocer a Dios verdaderamente.

El amor ágape es el vínculo perfecto. ¿Porque?; la mayor grandeza de este amor es que produce gozo al ser, con el hecho de realizarse, así, sin más ni más. Allí esta su esencia.

Amar por amor; es amar por el anhelo de que el amor se realice plenamente. Siempre he escuchado que esto no podemos hacerlo solos, necesitamos beber de alguna fuente, pues nuestras fuerzas son limitadas. Cuando nos llenamos del amor de Dios a través de sus Palabras, a través de su Espíritu, saciamos nuestra sed interna, nos llenamos de este amor que luego brota también como una fuente para los demás… nuestra fuente es limitada, es solo un afluente de un río que necesita estar conectado al principal para poder fluir.

El amor de Dios es el vinculo perfecto, porque deja fuera todo interés ajeno al mismo amor, y como consecuencia desaparecen todos los temores.

¿Cuales son los temores que no nos permiten amar plenamente?; hay muchos: el temor de no ser reconocido, de ser desplazado, rechazado, o engañado, de que se acabe, de estar perdiendo el tiempo; y todos estos tienen un lugar común: el sufrimiento. Son temores que vienen por amores incompletos, que tratan de llenarse a través de algo más que el mismo amor.

El amor verdadero solo se llena a través de si mismo, y esta lleno en si mismo, no le falta nada; por esto puede dar y dar.

Y sí, el sufrir es una característica del amor… ¿que significa sufrir?, simplemente: padecer algo. Amar es sufrir, sufrir dolor. Amar duele, pero es un dolor que viene por desear el bien del otro. Como decía el poeta : “Y el amor se vuelve afán/ de gritarle al pordiosero:/-Quiero, y porque quiero, /quiero que nadie te quite el pan/Que nadie te quite el vino,/que no te duela en los pies/la limosna del camino/Que te alces, alzado y frío/el puño de tu derecho,/prestado en rabia a tu pecho/el amor que hay en el mío.”(Andrés Eloy Blanco)

Cuando amas estas dando todo de ti, no queda nada que no puedas dar, no te reservas nada.

Y por esto el amor es un vínculo perfecto, cuando estamos dando todo sin reservas, estamos simultáneamente llenándonos; y seguimos día a día dando y volviéndonos a llenar… solo basta recordar beber de su fuente infinita…

Flori *)

Foto by Flori

“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”. (Colosenses 3:14)

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad” (1 Corintios 13) 

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18)

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