Comunicación·Reflexiones

El límite de las palabras

¿Qué tan limitadas son las palabras?

Se nos ha dicho que el lenguaje hablado o escrito es la forma de comunicación más limitada que existe, debido a que en la mente de cada persona se forma un concepto de cada palabra de acuerdo al aprendizaje que va teniendo. Entonces se tiene que la palabra “rojo” por ejemplo, a alguien le trae buenos recuerdos y a otro no. Se tiene que hay palabras que son ofensivas para una persona, y no estoy hablando necesariamente de palabras obscenas, sino de cualquier palabra. Es tan delicado a veces el proceso de comunicación cuando nos enteramos de como funciona. No es de extrañar por que tantos conflictos a la hora de “comunicarnos”.

Y esto en cuanto a las palabras, luego vienen las frases o los mensajes, también estructurados de acuerdo a nuestra experiencia o lo que conocemos del mundo. Cuando digo “allá en el río” me imaginare el río que conozco y tu imaginarás el río que conoces, por ejemplo.

Por que estoy contando todo esto, pues para explicar porque a veces estamos hablando con una persona y parece que esta no capto la idea de lo que le dijimos, aunado están las expectativas que cada uno lleva a la hora de comunicarse y mientras más expectativas mayor la tensión a la hora de hablar. Uno se pregunta, ¿Será que me entenderá? ¿Cuales palabras o mensajes debería utilizar?, o ¿Debería callar?.

Apenas hacemos bosquejos de lo que queremos decir, tan solo logramos armar frases que tratan de expresar ideas, sentimientos, experiencias. De allí el éxito de la comunicación audio-visual, esta entra por mas de un sentido, por lo cual es mas efectiva.

Por eso la importancia de buscar la mejor manera de decir las cosas, sobre todo en un mundo donde hay tanto auge de información y “palabras”.

Si logras en un principio transmitir un mensaje, luego te encuentras con los filtros, la persona una vez que logra oírte seleccionará lo que cree y comparte y desechará lo que no cree. Y las personas terminan desechando mensajes de manera voluntaria, y también de manera involuntaria. Pues es muy difícil guardar o procesar en tu mente algo que no aceptas, o no conoces, es más ni siquiera lo escuchas, no pasa por tus oídos. Es cómico pero es así. Cuando escuchamos una palabra desconocida por primera vez (un ejemplo exagerado), tienen que pronunciárnosla lentamente para poder captarla, igual cuando nos cuentan algo que nunca habíamos oído, pedimos una y otra vez detalles para ubicarnos, para hacer asociaciones, para buscar en nuestros archivos de memoria, y todo esto es a nivel inconsciente.

Imagino que pasa en nuestro cerebro cuando nos empiezan a narrar cosas que ya desechamos, o decimos, “no, no me interesa”, o ni siquiera comprendemos. Este proceso de filtrar es necesario también para ser mas eficientes a la hora de usar nuestra memoria y razonamiento.

¿Qué determina lo que guardamos en nuestra mente?, ¿Cómo creamos filtros?, todo depende de nuestro carácter, intereses, educación, cultura, hasta de nuestra biología o herencia, tantas cosas, todo esto determinará nuestras motivaciones.

De todo esto la parte que a mi particularmente me preocuparía sería esta: “no vemos, no oímos, lo que no conocemos”.  De allí la importancia de aprender a desaprender lo que ya sabemos para dar “espacio” a lo que no conocemos. Y no me refiero a grandes cosas, más bien a detalles, sutilezas que nos harían la vida más pacifica por ejemplo, si es lo que uno busca. En este sentido hay gente por todos lados en el mundo clamando a grandes voces que cuidemos del planeta, pero casi nadie “escucha”. Otros gritan a grandes voces en las plazas “busca a Dios”, pero casi nadie oye… se nos habla mucho de las crisis existenciales y de la soledad del hombre actual que vive rodeado de mucha gente, saturado de información y de tecnología pero “solo”, “mas solo y separado que nunca”, pero pocos “escuchan”.

Será que tenemos, pues si queremos claro esta, que aprender a escuchar otra vez, y escuchar no es solo estar allí, sino comprender al menos que significa para la persona que nos habla lo que nos esta diciendo.

Si lo analizamos bien, escuchar de esta manera es un proceso agotador para nuestra mente. Si nos dedicamos a escuchar así no tendríamos tiempo para pensar en lo que vamos a responder, salvo para confirmar que estamos comprendiendo lo que se nos dice.

Si cuando al hablar con alguien le preguntáramos: “¿Y para ti, qué significa esto?”, se podría llegar a otro nivel de compresión, se podría entonces pasar del simple intercambio de información a los sentimientos, y quizás se podría entonces establecer una “conexión”, que es verdaderamente lo que significa la comunicación.

Flori *)

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2 comentarios sobre “El límite de las palabras

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