Parece ser que desde que nacemos o aún antes, necesitamos sentir el contacto con lo que nos rodea, o bien sea dicho, más que con lo que nos rodea, estar en contacto sin mas, con aquello que nos proyecta más allá de nosotros mismos.
Quizá tenemos impreso en nuestras células el deseo por lo eterno, por lo infinito, esa prolongación de nuestra existencia, de sentir que seguimos.
Hace años cuando era niña, recostada sobre la azotea de mi casa mirando las estrellas me vino un pensamiento: si el día que me vaya nadie sabe de mi existencia, eso sería como si nunca hubiera existido… y me entro el temor de sentir, no haber sido nada, si nadie puede recordarme, si con los años todo se olvida finalmente. Y aunque muchos no lo sientan por la distracción tan grande que implica vivir, todos nos damos cuenta de esta necesidad al escuchar nuestro nombre como la mejor música que alguien pueda pronunciar.
Sentirnos solos no es más que estar desconectados…
Creo que Dios nos nos hizo con un lazo hacia el, a través del cual nos conectamos con su espíritu infinito, que siempre nos espera. El es el único que siempre espera recibirnos, con el cual podemos derramar nuestro corazón, y presentarnos sin barreras, porque él sabe todo lo que somos aún antes que se lo digamos.
¿Con quién más podemos tener esta clase de contacto tan intimo?, ¿acaso hay alguien que conozca mejor nuestro corazón, sus lugares más recónditos?, ¿acaso hay alguien que muestre más interés y misericordia por nosotros?, siempre dispuesto a escuchar, siempre allí, a solo una llamada de distancia, y no es necesario ni siquiera articular palabras, tan solo hablarle con el pensamiento.
Me he dado cuenta que todos, todos necesitamos tanto esta clase de unión con otro ser. Incluso se puede observar en cada cultura la necesidad espiritual, la búsqueda de ese contacto trascendental, el saber que nuestro espíritu no termina aquí, el saber que desde la tierra podemos mirar a las estrellas, contactar con la inmensidad. Se puede observa en la adoración al sol, a la naturaleza, a muchos dioses incluso, desde que se tienen noticias de la existencia del hombre… esta tan grabado esto en nosotros, que el hombre actual busca adorar ya sea el conocimiento, lo material, la fama, son deseos de sentirse lleno… quien pretende opacar este deseo puede perder el sentido de su existencia. Quizá el hombre desvía este deseo de trascender por ignorancia, por no saber donde esta aquello que en verdad puede llenar ese gran espacio que yace en su corazón, diseñado por el Creador para El, incompleto hasta encontrar la perfecta unión, con aquel que es amor.
Cuando le entregamos a Dios el corazón, el nos regala sus ojos, sus oídos, todo lo que el Es…. cuando le damos el corazón a Dios en un acto de entrega al descubierto solo El y nosotros, el de inmediato nos da todo. Nos muestra su manera perfecta de amar, la forma perfecta en que El ama a cada persona más de lo que lo podemos hacer nosotros mismos. Y es la manera en que comenzamos a ver el mundo distinto…
De allí en adelante no vamos a querer separarnos más de El. Sería imposible, una vez que el lazo se reanuda, no se vuelve a romper, El llena todo, ya no existe el vacío. El contacto esta hecho, solo basta sentirlo…
Flori *)

Foto by Flori
