Los poemas de Pablo Neruda son tema de estudio durante la secundaria en mi país, Venezuela. A pesar de que su último libro “Confieso que he vivido” reposaba en la biblioteca de la casa, años atrás no pude pasar de las primeras páginas, creo que debido a mis intereses me resultaba algo confuso, a veces pesada la densidad del texto, no lograba conectarme con el lenguaje y su autor.
Sin embargo hace cuestión de unos meses volvió a mi mente este libro, quizá porque poco a poco voy reencontrando el gusto por la poesía, su lenguaje, gusto a veces abandonado u olvidado. Sentí curiosidad por aquel poeta tímido que escribió sus primeros versos durante la infancia.
Así fue que retome sus memorias desde el principio. Otra vez note la densidad de su lenguaje pero ahora, quizá debido a esa obra que solo el tiempo va labrando de ampliar la visión y los horizontes, me atrapo esta vez su delicadeza, su amor por la naturaleza araucana, por aquellos arboles milenarios de Chile, aquellas especies de un bosque inexplorado aun sin nombres, amor paralelo a sus gentes más humildes, por las cuales muchas veces y principalmente en su madurez levanto su voz convertida en poesía…
“¿Puede la poesía servir a nuestros semejantes? Puede acompañar la lucha de los hombres? Ya había caminado bastante por el terreno de lo irracional y de lo negativo. Debía detenerme y buscar el camino del humanismo, desterrado de la literatura contemporánea, pero enraizado profundamente a las aspiraciones del ser humano.
Comencé a trabajar en mi Canto General.”
Debo decir que sin ser aficionada a Neruda, tome sus letras entre mis manos, lentamente fui conociendo el interior de un hombre que aunque se declaraba comunista, se consideraba universal… “Me place el libro, la densa materia del trabajo poético, el bosque de la literatura, me place todo, hasta los lomos de los libros, pero no las etiquetas de las escuelas. Quiero libros sin escuelas y sin clasificar como la vida.”
En todas las paginas se nota que no aceptaba las discriminaciones de ningún tipo ni lograba entenderlas, era capaz de sentarse siempre con todo aquel que lo invitara a comer. Al parecer su mayor ofensa fue aquella carta de los escritores cubanos que lo acusaba de sumisión y traición debido a su visita a los Estados Unidos, solo a aquellos, se negó a estrechar otra vez sus manos. “…cada uno tiene su debilidad. Yo tengo muchas. Por ejemplo no me gusta desprenderme del orgullo que siento por mi inflexible actitud de combatiente revolucionario. Tal vez será por eso, o por otra rendija de mi pequeñez, que me he negado hasta ahora, y me seguiré negando, a dar la mano a ninguno de los que consciente o inconscientemente firmaron aquella carta que sigue pareciendo una infamia.”
Creo que después de leer sobre sus ideas y luchas por la clases menos favorecidas, su apego al comunismo, comprendo que se haya sentido tan ofendido…
Neruda trato de ser siempre consecuente con sus convicciones, amplias para él, quizá a mi modo de ver más amplias que el nombre de comunista que el mismo se atribuía… o acaso su concepto del comunismo era idealista…
“La intima tragedia para nosotros los comunistas fue darnos cuenta de que, en diversos aspectos del problema Stalin el enemigo tenía razón. A esta revelación que sacudió el alma, subsiguió un doloroso estado de conciencia…
…si bien es cierto que esa responsabilidad nos alcanzaba a todos, el hecho de denunciar aquellos crímenes nos devolvía a la autocrítica y al análisis-elementos esenciales de nuestra doctrina-y nos daba las armas para impedir que cosas tan horribles pudieran repetirse.”
Y es que Neruda era básicamente un hombre idealista… Me dio mucha pena leer que al final de sus días sintió su patria traicionada por aquellos que acabaron violentamente con el gobierno soñado por él, protagonizado por Salvador Allende. Impacta leer sus impresiones de indignación, de dolor, en las ultimas dos páginas. El hecho de saber que Neruda murió a los pocos días me da mucha pena… sus memorias terminan de súbito. Me pregunto si acaso moriría por el dolor… no lo sé.
Apreciando el impacto de su obra, me doy cuenta que escribió para su presente letras que trascienden el tiempo, cantó al amor y al trabajador de las minas de cobre, al del salitre, que son los mismos hombres, protesto muchas veces, y amo otras tantas… Lo más importante que extraigo de Neruda es su calidad, esa manera de expresarse que se fortaleció a fuerza de aplausos y porque no, también de persecuciones y rechazos… una voz que se levanto y se mantuvo firme una y otra vez escribiendo como el decía: Poesía.
Recomiendo este libro, sus memorias, cada frase, cada párrafo se encuentra bañado de una poesía madura, rica en imágenes de la Araucanía y sobre todo con el espíritu que le imprimió el propio Neruda, a través del cual se percibe ese amor delicado con que coleccionaba sus caracoles, sus libros, aquellos barcos miniaturas construidos dentro de botellas, el mismo amor que le prodigo a sus amigos al respetar sus ideas, aquel amor por un pueblo que nunca abandono en su mente este “viajero inmóvil”. Después de leer sus memorias, creo poder comprender que sus obras sean clásicos inmortalizados por el Premio Nobel de Literatura… Neruda se recreo en el lenguaje, lo desnudo, se sirvió de el, y sirvió por el…
“La multitud humana ha sido para mí la lección de mi vida. Puedo llegar a ella con la inherente timidez del poeta, con el temor del tímido, pero, una vez en su seno, me siento transfigurado. Soy parte de la esencial mayoría, soy una hoja más del gran árbol humano.”
“Es memorable y desgarrador para el poeta haber encarnado para muchos hombres, durante un minuto, la esperanza.”

Foto by Flori
Neruda amaba el mar, por él, va esta fotografía…
Nota: Todas las citas son del libro “Confieso que he vivido” de Pablo Neruda.
Flori *)
